Interrupción constante y distracción: la historia real que nos enseñó a mirar más allá del ruido
Juan tamborileaba con el bolígrafo contra la mesa. Tac, tac, tac. El sonido se mezclaba con la voz de su maestra y el murmullo del aula. Tenía nueve años y parecía que su cuerpo iba siempre un paso por delante de las palabras. Se levantaba, se asomaba a la ventana, hacía comentarios fuera de lugar. Los compañeros empezaban a protestar: «¡Profe, otra vez Juan!»
Marta, su maestra, cerró los ojos un segundo. No era la primera vez, y sabía que tampoco sería la última. Lo había sentado delante, lo había cambiado de sitio, incluso había intentado hacer silencio con la clásica «mirada de autoridad». Nada funcionaba más de cinco minutos.
Esa mañana, mientras el bolígrafo seguía golpeando, Marta se dio cuenta de que el aula entera contenía el aire. No solo Juan estaba desconectado: todos lo estaban. Ella también.
Lo que ocurrió después cambió su forma de enseñar, pero sobre todo, su forma de mirar.
Comprender antes de corregir: qué ocurre en el cerebro del alumno distraído
En niños como Juan, el sistema dopaminérgico —encargado de mantener el foco, la motivación y la sensación de recompensa— funciona de manera irregular. No es que no quiera atender, es que su atención se comporta como una cometa: ligera, impredecible y sensible al viento. Si no hay algo que la sostenga, se escapa.
Muchos docentes intentan sujetar esa cometa con más fuerza —más normas, más advertencias, más control—, cuando en realidad la clave está en seguir su vuelo y darle dirección.
El punto de inflexión: una nueva mirada sobre la atención
Una tarde, después de una jornada especialmente agotadora, Marta asistió a una formación sobre TDAH.
Yo estaba allí, hablando sobre cómo los niños con dificultades atencionales no “deciden portarse mal”, sino que se mueven para mantenerse despiertos.
Cuando la sesión terminó, se me acercó y me preguntó:
“¿Entonces no lo hace para fastidiar?”
—“No”, le respondí. “Lo hace porque su cerebro necesita movimiento para funcionar. Si le pides que se quede quieto, le estás pidiendo que desconecte.”
Aquella conversación fue su punto de inflexión. Marta volvió al aula con una nueva intención: observar antes de juzgar.
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Cómo captar la atención desde el inicio de la clase
Al día siguiente decidió empezar de forma distinta.
Antes de explicar el tema del sistema solar, dibujó en la pizarra tres iconos sencillos: un sol, una órbita y una lupa.
—“Hoy haremos tres cosas: escuchar, participar y movernos.”
Era una rutina visual simple, pero poderosa. Juan la miró con curiosidad.
Esa pequeña anticipación convirtió la clase en un entorno predecible y estructurado, dos pilares fundamentales para captar la atención de un niño con TDAH.
Claves que aplicó Marta:
- Anticipar los pasos de la clase (“Hoy haremos tres cosas…”).
- Sentar al alumno cerca del docente y lejos de estímulos visuales.
- Usar pictogramas o esquemas visuales de apoyo.
- Mantener el tono calmado y empático desde el inicio.
Además, le pidió a Juan que repartiera los materiales. No como premio, sino como estrategia.
Dar responsabilidad es una forma de canalizar energía, no de premiar la conducta.
Cuando terminó, lo felicitó con precisión:
“Gracias, Juan, por hacerlo con cuidado. Has ayudado a que todos empezáramos antes.”
Refuerzo inmediato, específico y emocional: la triada perfecta para estimular la dopamina y mantener la motivación.
Mantener la atención: estrategias durante la explicación
Al final del día, Marta escribió en su cuaderno:
“Hoy interrumpió menos. La señal funcionó. Validar ayuda.”
Había aprendido a reflexionar sin culparse, practicando autocompasión docente.
Las estrategias no siempre funcionaban igual, pero la constancia sí.
Una semana después, introdujo un cuaderno de ideas rápidas: cada vez que quisiera hablar, Juan debía anotar su pensamiento y compartirlo al final.
Las primeras palabras eran simples —“planetas”, “espacio”, “ruido”—, pero pronto se convirtieron en frases llenas de curiosidad.
Marta descubrió algo esencial: Juan no buscaba llamar la atención, buscaba no perder su idea.
El cuaderno se transformó en su puente hacia el grupo: dejó de interrumpir para poder compartir.
Los resultados: cuando la conexión sustituye al control
Con el paso de las semanas, el aula se transformó.
Juan seguía siendo inquieto, pero ahora era “el que ayuda”, “el que propone ideas”.
El grupo entendió que su energía no era una amenaza, sino una forma distinta de participar.
Y Marta, al fin, descubrió que no necesitaba más silencio, sino más vínculo.
“Cuando dejé de querer que se quedara quieto, empezó a escucharme.”
Esa frase resume el cambio pedagógico más importante: la atención no se impone, se cultiva.
Reflexión final: más allá del TDAH
Reflexión final: más allá del TDAH
Esta historia nos recuerda que enseñar no es lograr que todos miren al mismo punto, sino descubrir qué necesita cada mirada para mantenerse ahí.
Los niños con dificultades de atención no buscan romper las normas, buscan sentido.
Cuando se les ofrece estructura, emoción y confianza, su cerebro responde.
Porque la atención no se captura con autoridad, sino con curiosidad compartida.
El ruido del bolígrafo ya no molesta: ahora suena a pensamiento en marcha.
Pruébalo mañana: tres claves prácticas



Extra: dedica un minuto al final del día para reconocer tu propio esfuerzo. La calma también se entrena.
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Preguntas frecuentes
Estas estrategias sirven para cualquier alumno con atención fluctuante. No es necesario un diagnóstico para aplicar pedagogía inclusiva.
Explícales con naturalidad: “Cada uno necesita cosas distintas para aprender.” Dales también roles de colaboración.
Observa los momentos, no las etiquetas. Ajusta el entorno, la hora y el ritmo antes de pensar en castigo.
Recursos relacionados
- Guía práctica del TDAH para el profesorado — Ministerio de Educación y Formación Profesional (España). Guía oficial y gratuita con orientaciones concretas sobre cómo estructurar el aula, anticipar rutinas y reforzar la atención desde la comprensión.
- Fundación CADAH — Recursos educativos sobre TDAH. Artículos, vídeos y materiales elaborados por psicólogos especializados. Explican cómo canalizar la energía, fomentar la autorregulación y mejorar la convivencia escolar.
- FEAADAH — Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad. Portal de recursos con protocolos autonómicos, guías y orientaciones para docentes y familias. Lenguaje cercano y enfoque inclusivo.
- Cómo mejorar la atención en el aula sin castigos — Fundación Educo (2023). Artículo divulgativo que propone estrategias prácticas de neuroeducación basadas en refuerzo positivo y empatía.
- Asociación Española de Pediatría — Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (AEPED). Ficha técnica actualizada sobre TDAH: diagnóstico, abordaje multidisciplinar y coordinación entre familia, escuela y profesionales sanitarios.
Gregorio Montero es médico psiquiatra en Bilbao, especialista en TDAH, Crecimiento Pleno y Educación Digital en Positivo. Formado en centros de prestigio a nivel internacional como la Universidad de California, ha sido asesor de la Comisión Nacional de la Especialidad, vocal de formación de la SERP en España, revisor de la revista científica Psiquiatría Biológica (Elsevier) y divulgador en congresos a nivel internacional. Como médico, ha ayudado a +1500 familias en los últimos años a superar el desafío de ser madre o padre en el mundo digital en el que vivimos y ha impartido formaciones en congresos, centros educativos, hospitales, empresas y colegios profesionales.
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